Soy una estúpida.
Lo único que Amanda podía sentir en ese momento era miedo.
No el miedo “bonito” que se confiesa en voz baja como si fuera parte del drama, sino el miedo real, el que te aprieta el estómago y te deja el cuerpo raro, como si caminara con una sombra pegada a los talones.
Miedo de lo que estaba por pasar.
Miedo de lo que Ethan le iba a decir… o de que no le dijera nada.
Miedo de llegar tarde, de