Ethan... espérame, por favor.
La voz de Daniel, tan fría y tan implacable, le recorrió la espalda a Amanda como un hielo que no se derretía ni con rabia.
Y eso fue lo peor, que, por un segundo, él tuvo razón.
No porque ella aceptara su juego, ni porque fuera a dejar que la arrinconara… sino porque él ya había logrado lo que quería desde anoche.
Sembrar el caos, meter una sombra en su relación con Ethan y dejarla a ella con el corazón en la gargant