Te he deseado desde el primer día.
Amanda pensó que se derretía con esas palabras.
Por fin entendía que no quería más preliminares; quería sentirlo dentro, llenándola, reclamándola.
Cerró los ojos mientras él bajaba los labios a sus senos, tomó un pezón en la boca, succionando, mientras su lengua jugaba con él en círculos que la hacían jadear. La mano libre atrapó el otro pecho, pellizcando el pezón entre los dedos. Al mismo tiempo, los dedos de su otra mano danzaban sobre su clítoris y deslizándo