El ascensor subía con lentitud desesperante, como si quisiera darle tiempo para arrepentirse.
Amanda respiraba agitada, con las manos heladas y la sensación pegajosa de tener el estómago hecho un nudo.
Había dormido apenas un par de horas; el resto de la noche lo había pasado sentada en el suelo de su habitación, abrazándose a sí misma, pidiéndole al universo que borrara lo que había pasado con Daniel.
Ese instante asqueroso.
Ese f