Ya no podía confiar en nadie.
Ethan no había dormido en toda la noche, aunque tampoco podía llamarle “insomnio”, porque la verdad era que ni siquiera había intentado cerrar los ojos.
Desde que Amanda salió de su oficina la tarde anterior, con esa mezcla de cansancio y decepción escondida bajo la piel, algo se le atoró en el pecho.
Ella quería renunciar.
Él la escuchó, había asentido, había guardado las formas, pero por dentro había sido como ver una luz apagarse.