Su peor error.
Amanda no sabía en qué momento el día se había desmoronado sobre sus hombros.
Tal vez fue cuando encontró los balances destruidos. O cuando tuvo que fingir que no le temblaba la voz mientras peleaba con la dignidad media rota. O quizá fue cuando estuvo a punto de quebrarse frente a Ethan y él, en lugar de dejarla caer, la sostuvo como si fuera lo más natural del mundo.
Y ese abrazo…
Ese bendito abrazo seguía pegado a su piel como un recuerdo cálido que amenaza