ESTOY LISTA, SEÑOR VAN NESS.
Amanda jamás habría imaginado que el vestido elegido por Selena Rosenthal sería así.
Lo sostenía entre las manos como si fuera una pieza de museo prohibida.
Era un plateado suave, casi líquido, con tirantes finísimos y un corte en la pierna que gritaba “alta sociedad” en un idioma que ella no hablaba.
Parecía un vestido para una gala, no para una simple reunión corporativa.
O al menos, eso era lo que ella seguía repitiéndose para no entrar en pánico.
Selena, en cambio, estaba prácticamente eléc