Contigo tengo más química.
Ethan dejó de respirar durante un segundo.
Literalmente.
El rostro de él, que un par de segundos antes estaba concentrado, sereno, analítico como siempre, cambió.
Se tensó en la mandíbula, se le frunció apenas el entrecejo, y su postura —esa postura perfectamente controlada que Amanda ya empezaba a reconocer en él— se quebró lo suficiente como para dejar ver sorpresa pura… y preocupación.
Mucha preocupación.
—¿Qué? ¿Renunciar? Amanda… ¿qué estás diciendo?
Ella levantó la mirada y Ethan vio en s