Amaneció el día antes de la sentencia.
El desayuno fue un hervidero de emociones contenidas. Todos sabíamos lo que había pasado la noche anterior. La visita de Camila a la verja había sido como una bofetada en plena tregua. Adrián tronaba con la mirada fija en su taza de café, con los nudillos blancos de tanto apretar el asa.
—No puedo creer que esa mujer tenga la desfachatez de presentarse en nuestra puerta después de lo que hizo. Después de lo del arma. Después de amenazar a mi hija.
—Es su e