Los gritos al otro lado del portón se intensificaron.
Uno de los guardaespaldas habló por el comunicador de muñeca mientras el otro se colocaba delante de nosotros, la mano en el arma y la mirada fija en la oscuridad del almacén.
—Señor Del Valle, hay movimiento en el exterior —informó—. Mis compañeros han interceptado a un hombre que intentaba acercarse por el embarcadero. Está reducido.
—¿Es el aliado? —preguntó Sebastián, sin apartar la vista de Camila.
—No lo sabemos aún. Están verificando