Quiroga llegó antes del amanecer.
No era la primera vez que lo hacía, pero esta vez su expresión era distinta. Más tensa, sí, pero también más encendida. Traía una carpeta bajo el brazo y la dejó sobre la mesa del despacho sin decir una palabra. Sebastián y yo nos acercamos mientras él desplegaba los documentos con movimientos precisos, casi reverenciales, como si cada hoja contuviera un explosivo.
—He encontrado algo —dijo—. Rastreando el alias "Sombra" di con una base de datos antigua. No tie