Camila dio un paso atrás.
Fue apenas un movimiento, casi imperceptible, pero lo vi. Durante meses, aquella mujer nos había perseguido, amenazado, herido. Había filtrado nuestro contrato, había metido un arma en la habitación de una niña, había golpeado a su propia prima. Y sin embargo, en ese instante, lo único que vi en sus ojos fue miedo.
—Es imposible —dijo, con la voz más aguda de lo habitual—. Ramiro tenía la llave maestra. Conocía los horarios.
—Pues parece que alguien le ha fallado —resp