Un mes después de la condena de Alexander, la mansión de los Smith parecía un lugar diferente. Las cortinas, que habían estado cerradas durante años, ahora estaban abiertas, dejando entrar la luz del sol. Los muebles tapizados en tela oscura habían sido reemplazados por piezas más claras, y las paredes, antes cubiertas de retratos de Alexander, ahora mostraban fotos de nuestra familia: mamá, papá, Isabella y yo, sonriendo juntos. Pero a pesar de los cambios, el pasado seguía acechando en cada r