La Escena: El Miedo del Gigante
Alessia se detuvo en el umbral, conteniendo el aliento. Escuchaba cómo el hombre que había reescrito su destino, el mismo que podía intimidar a una junta directiva con una sola mirada, sucumbía ante la paranoia más tierna del mundo.
—Te apuesto lo que quieras a que volverá con las mismas uñas con las que se fue… —se quejaba Vincenzo.
Alessia no podía verle el rostro; su espalda, un muro fibroso y tatuado, se lo impedía, pero conocía de memoria cada uno de sus