La mansión Greco era ahora un mausoleo de mármol y arrepentimiento. Vincenzo no había dormido en tres días. Sus ojos estaban inyectados en sangre, no por el alcohol, sino por la culpa que le pesaba más que cualquier ancla de sus barcos. Miraba el documento del astillero sobre su escritorio; Alessia le había dado su sueño más grande, y él le había devuelto una pesadilla de desconfianza.
La Vigilancia Silenciosa (Parte 1)
Vincenzo sabía que si se presentaba en casa de la tía de Alessia, ella se