El silencio que siguió al rugido de Vincenzo fue denso, cargado de la estática de un desastre inminente. El terapeuta, un hombre calmado llamado Dr. Aris, dio un paso atrás, no por miedo, sino por profesionalismo, mientras Alessia sentía que el suelo se abría bajo sus pies. No era solo la interrupción; era la mirada de Vincenzo, esa mezcla de traición y agonía que lo hacía ver como un animal herido.
La Verdad Desnuda (Parte 1)
—Vincenzo, cállate. Vámonos de aquí ahora mismo —siseó Alessia, co