El susurro de la pantalla negra aún resonaba en el tribunal cuando Marcus, con las manos temblando, apagó los controles de la máquina. La corriente eléctrica cesó de repente, dejando un silencio pesado, roto solo por mi respiración entrecortada y el llanto de mamá, que ahora se abalanzó hacia mí, aunque los guardias se lo impidieron. Alexander permaneció de pie, sus ojos fijados en la pantalla donde aún se vislumbraba el rostro parcialmente descubierto del empleado. El asco en su mirada había c