Después del aullido, todos volvimos al salón para descansar un poco. Marco se sentó en el banco y Rosa le dio un trago de té de menta — lo ayudaba a relajarse. “¿Crees que la espada de Cayetano realmente no puede hacerme daño?” pregunté a Mireya, que estaba sentada a mi lado.
“La espada puede suprimir tu poder por un rato”, dijo Mireya, mirando el colgante en mi cuello. “Pero el amor que lo alimenta… no se puede destruir. Cuando te sientas débil, mira ese colgante y recuerda a tu abuela. Recue