El correo llegó a las 9:17 de la mañana.
Lo recuerdo con una claridad casi cruel, porque no vino acompañado de nada extraordinario. No hubo una llamada misteriosa, ni un representante nervioso, ni música triunfal como en las películas. Solo una notificación silenciosa, una vibración breve sobre la mesa de la cocina, mientras el café aún humeaba y Rubi hablaba de cualquier cosa sin importancia.
Decisión final – Proyecto Aurora.
El asunto era tan sobrio que por un segundo pensé que no era ese cor