Eva
El estudio huele a café barato y a papel recién impreso.
No es glamour. No es alfombra roja. No es la versión brillante que la gente imagina cuando piensa en una película. Es una sala amplia con sillas plegables, mesas largas, botellas de agua alineadas, cables cruzando el piso y un asistente de producción repitiendo nombres mientras marca una lista.
Aun así, cuando entro, siento el corazón en la garganta.
No porque no me lo crea. Porque sí me lo creo. Y justamente por eso pesa.
Me