Eva
Llego al restaurante diez minutos antes de la hora.
No porque quiera.
Sino porque no soporto la idea de llegar tarde y darle a Hellen otra excusa para mirarme por encima del hombro.
Es un lugar elegante, sin ser exagerado. Mesas de madera oscura, luces cálidas, música suave. De esos sitios donde la gente habla bajo aunque no tenga nada que esconder.
Me detengo en la entrada un segundo, respiro hondo y entro.
La veo enseguida.
Hellen está sentada junto a la ventana, con un vestido claro que