Capítulo 50

No pienso demasiado antes de ir a buscarlo.

De hecho, si me detuviera a hacerlo, probablemente no lo haría. La rabia tiene esa ventaja: elimina la duda, reduce todo a una sola dirección. Camino rápido, sin revisar el teléfono, sin ordenar ideas. Solo avanzo.

Sé exactamente dónde está.

En su oficina.

Siempre en su oficina.

Entro al edificio sin anunciarme. El guardia me reconoce, no pregunta nada. Subo al ascensor con los hombros tensos y la mandíbula apretada. Durante el trayecto, intento ordenar lo que voy a decir, pero no funciona. Todo se mezcla: la sesión de fotos, la cara de Hellen, la manera en que el fotógrafo decidió sin mirarme, la sensación vieja y conocida de perder algo que apenas había empezado a tocar.

Cuando llego al piso, no paso por recepción.

Camino directo hacia su oficina.

La puerta está cerrada. Golpeo una vez, sin fuerza, sin cortesía. No espero respuesta.

Entro.

Andrew levanta la vista de inmediato. Está de pie al segundo siguiente, como si hubiera estado espera
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