El guion llegó hace unas horas y todavía tengo la escena abierta en mi teléfono.
La he leído tantas veces que el texto empieza a perder sentido.
Cada palabra se siente pesada, como si quisiera escaparse de mi memoria antes de que pueda aprenderla.
Pero es normal.
Es la primera vez en años que audiciono para algo real.
Me acuesto en el sofá, con el guion sobre el pecho, y trato de imaginar cómo lo haría la actriz que yo solía ser. Esa versión ambiciosa, segura y joven, que todavía no co