Dormí mal.
No tanto por ansiedad... más bien por agotamiento.
La semana entera ha sido una pesadilla en el set, y aunque intenté no obsesionarme con la audición, cada silencio de mi teléfono se sentía como un recordatorio de que quizás no fui suficiente.
Otra vez.
Aun así, cuando despierto, lo primero que hago es revisar el correo.
Nada nuevo.
Rubi me mira desde la mesa, comiendo cereal como si nada importara.
—¿No te han mandado nada? —pregunta con la boca llena.
—No.
—Tranquila. Hoy sí —dice