Dormí mal.
No tanto por ansiedad... más bien por agotamiento.
La semana entera ha sido una pesadilla en el set, y aunque intenté no obsesionarme con la audición, cada silencio de mi teléfono se sentía como un recordatorio de que quizás no fui suficiente.
Otra vez.
Aun así, cuando despierto, lo primero que hago es revisar el correo.
Nada nuevo.
Rubi me mira desde la mesa, comiendo cereal como si nada importara.
—¿No te han mandado nada? —pregunta con la boca llena.
—No.
—Tranquila. Hoy sí —dice como si lo supiera, no como si estuviera tratando de animarme.
Me pongo los zapatos sin contestar.
No quiero crear expectativas donde no debería haberlas.
Las expectativas matan más rápido que las malas noticias.
⸻
En el bus hacia el set, miro por la ventana la ciudad despertando.
Creo que he visto estos edificios tantos años que ya ni los veo realmente.
Reviso el teléfono otra vez.
Y otra.
Ridículo.
Cuando bajo frente al estudio, el aire huele a café viejo, cables calientes y maquillaje caro. L