Enviar el video fue fácil.
Lo difícil vino después.
Apenas el archivo salió de mi bandeja de entrada, me quedé sentada en la cama, mirando la pantalla del teléfono como si fuera a explotar en cualquier momento.
No lo hace.
Obvio.
Pero mi estómago sí.
Cierro la laptop con fuerza, me dejo caer hacia atrás y llevo un brazo sobre mis ojos.
No sé si hice lo correcto.
La habitación está en silencio.
Demasiado silencio para una noche como esta.
Me giro hacia un lado.
No dormí bien anoche, por razones obvias.
Andrew en mi casa besándome como si quisiera borrar cualquier cosa que no fuera él, fue un pensamiento que no me permitió el sueño.
Siento un calor incómodo en el pecho.
«No pienses en eso ahora.»
Intento levantarme, pero mi cuerpo está pesado.
La adrenalina se fue, y ahora solo queda cansancio y el miedo que vino a ocupar su lugar.
Me miro al espejo del armario.
La marca roja en mi mejilla sigue ahí, tenue, pero visible.
No tengo energía para maquillarme, así que la dejo.
Que se quede.