La música quedó atrás como un murmullo distante cuando Andrew me sostuvo con más firmeza y comenzó a caminar hacia la salida del jardín. Las luces colgadas entre los árboles parpadeaban suavemente, el aire nocturno era tibio y olía a flores recién abiertas. Yo reía, aferrada a su cuello, sintiendo cómo su pecho vibraba bajo mi mano.
—Bájame, vas a cansarte —susurré, aunque no quería que lo hiciera.
—Ni en sueños —respondió, mirándome como si todavía no creyera que todo esto era real.
Los