El vestido blanco estaba extendido sobre la cama como una promesa que no sabía si quería cumplir. La seda brillaba con un tono perlado bajo la luz que entraba por la ventana, y por un momento me quedé observándolo en silencio, tratando de convencerme de que esa era la vida que había elegido, la que me daría estabilidad, protección… aunque no amor.
—Es precioso, mamá —dijo Isabella, con los ojos llenos de ilusión—. Te vas a ver como una reina.
Sonreí, forzando un poco el gesto mientras le acaric