GIULIA
El hospital olía a desinfectante, a nervios y a esperanza. Isabella estaba recostada en la cama, lista para la operación. Yo me acerqué, tomé aire y forcé una sonrisa para que no notara el temblor en mis manos.
A mi lado estaba Ivanok, el anciano con ese rostro serio, pero amable que intentaba transmitir calma.
—Tengo miedo —susurró Isabella, mirándome con esos ojos brillantes.
Me incliné hacia ella y le acaricié la frente.
—No tengas miedo, Isa. Yo voy a estar contigo, A tu lado, y n