DANTE
El auto se llenaba de vapor, como si nuestras respiraciones fueran llamas atrapadas en esa caja de metal. La niebla en el vidrio distorsionaba las luces de la carretera y convertía el mundo fuera en manchas borrosas; dentro, sin embargo, todo estaba nítido y cruelmente real. La tenía debajo de mí, la camisa destrozada, la piel descubierta al frío de la noche, y por más que me repitiera que era una traidora, no podía dejar de quererla. Giulia me desarmaba como ningún otro veneno que hubier