Llevamos a la muchacha hasta mi habitación. Apenas cerré la puerta, Fiorella habló primero, con el ceño fruncido.
—Esto es un suicidio, Giulia. Ella es parte de la mafia rusa… ¿tienes idea de lo que significa? Por su culpa enviaron a Leo lejos.
La chica bajó la cabeza, y por primera vez la miré de verdad. Estaba temblando, pero no había miedo en sus ojos, sino una mezcla extraña de tristeza y orgullo.
—Me llamo Masha —dijo con un hilo de voz—. Perdón… no quise que enviaran a Leo tan lejos. Yo s