Seth estaba sentado en una silla junto a la cama, trabajando en su computadora portátil con la luz de la lámpara baja y las cortinas cerradas.
Ameline despertó lentamente al oír el llanto suave pero insistente de Eliza. Parpadeó un par de veces, desorientada, y se incorporó con cuidado, sintiendo el cuerpo aún pesado pero descansado. Tomó a su hija en brazos, ya que la habían pasado a la cama luego de llorara la noche anterior, se abrió la bata y la acercó a su pecho para amamantarla. La bebé