Seth besó a Ameline otra vez, profundo y lento, mientras sus manos recorrían su cuerpo con una necesidad que ya no podía contener. Ameline respondió con la misma urgencia, enredando los dedos en su cabello y tirando de él hacia abajo. Sus cuerpos se movían juntos sobre la cama, piel contra piel, respiraciones entrecortadas que intentaban mantenerse en silencio.
Seth se apartó apenas para mirarla a los ojos, respirando agitado.
—¿Lista para más o prefieres almorzar? —preguntó en voz baja, ronca,