Emma llevaba esperando pacientemente desde hace horas que Seth y Ameline abandonaran la habitación, oculta en un rincón, detrás de dos grandes macetas con plantas espesas que la protegía de que las sirvientas la vieran al pasar.
De vez en cuando escuchó uno que otro sonido comprometedor que indicaba que estaban teniendo una sesión de sexo apasionado, cosa que la hizo sentir levemente avergonzada por tener que estar haciendo ese trabajo, pero ni modo, eran ordenes de su querida ama.
Finalmen