A pesar de todo

Ameline tenía su mano temblorosa en el pomo de la puerta de la habitación de Mindy y se quedó congelada varios segundos después de escuchar un raro quejido.

Temió lo peor: Seth drogado, semidesnudo, Mindy encima de él, besándolo, tocándolo, susurrándole cosas mientras él no podía resistirse.

“Por favor, no…”, pensó, sintiendo que le faltaba el aire. “Si lo veo así… si los veo juntos… no sé si podré seguir respirando después de eso.” El miedo era tan grande que le temblaban las rodillas. Pero
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