Me desperté antes que el sol, algo que no era raro en mí… pero sí la razón por la que había abierto los ojos tan temprano.
No fue un ruido.
No fue una alarma.
Fue ella.
Isabella estaba dormida a mi lado, apenas envuelta en la sábana, respirando suave, y por un instante me quedé observándola sin querer moverme. La luz tenue que entraba por la ventana iluminaba su mejilla, y pensé —por primera vez en mucho tiempo— que podía acostumbrarme a esto.
A despertar así.
Y justamente cuando estaba por mov