La torre negra estaba envuelta en una niebla espesa. Selene caminaba descalza sobre las piedras frías, su vestido de sombras rozando el suelo como una serpiente paciente. Todo en ella respiraba poder, obsesión y triunfo silencioso. Frente a ella, Fenrir estaba de pie. Su torso desnudo mostraba las marcas nuevas: venas ennegrecidas, una runa oscura creciendo en su espalda y la mirada cada vez más lejana. Ya casi no pestañeaba. Ya casi no recordaba.
—Estás listo para más —susurró Selene mientras