Se alzaron ante los presentes como la pareja imparable, ya no habia temor, solo anhelo, deseo, un celo interminable. El sacerdote ya los habia advertido, debían estar una semana en la cueva, recargando energia y consumando su ahora apareamiento. Sin aviso aprtieron hacia su lugar sagrado, ese que les brindaria el espacio para pasar un celo feroz, los lobos uno negro como la noche y la otra gris claro como las nubes del cielo corrieron por medio del bosque guiados por la luna.
La cueva los espe