El eclipse seguía avanzando como una herida que se abría sobre el cielo. El sol era apenas una cicatriz brillante detrás de la luna, y el bosque vibraba con energía oscura. Las raíces se agitaban, el aire olía a tierra mojada y a sangre fresca. El mundo entero parecía inclinarse hacia el abismo, pero Ulva se mantenía firme.
A su alrededor, el caos. Guerreros luchando, cayendo, levantándose. Gritos que se perdían entre el retumbar del viento y los alaridos de las criaturas de Selene. Algunos llo