Ulva se quedó de pie frente a su gente, respirando hondo, dejando que la fuerza del momento la atravesara como una corriente viva. No importaba cuánto doliera. No importaba cuánto miedo quedara en sus huesos. Ella era la heredera de la luna y esta manada era su legado.
El día transcurrió entre reconstrucciones, silencios cargados y miradas determinadas. Kaelion organizó pequeños grupos para recoger maderas, reforzar las defensas improvisadas y cuidar a los heridos. Cada tanto, sus ojos buscaban