Estefanía se quedó dormida después del sexo.
No hubo tiempo de discutir.
Tampoco era como si tuviera sentido desgastarse en algo que ya había decidido.
A la mañana siguiente, fue Sonya quien la despertó.
—Señora, se hace tarde para sus clases —le dijo la mujer moviendo suavemente su hombro.
Estefanía se enderezó bruscamente en la cama.
—¿Qué hora es?
—Son casi las ocho, señora —respondió Sonya, mientras abría un poco las cortinas para que entrara la luz—. El señor salió muy temprano, pero me