Estefanía cerró los ojos sintiendo cómo el agua caliente aflojaba la rigidez de sus músculos. Había dicho que se daría una ducha rápida, pero terminó vertiendo una buena cantidad de gel espumoso de lavanda y aceites esenciales en el jacuzzi.
Allá afuera el mundo bien podría venirse abajo; ella estaba justo donde quería y necesitaba.
Cuando salió del baño casi una hora después, se sentía renovada.
Por un momento pensó que aquel par se había cansado de esperar y había decidido irse, pero entonces