—¿Necesitas algo? —una voz masculina e imprevista la sacó de sus pensamientos.Estefanía se giró con sorpresa. Se encontraba de pie en medio de aquel bufete, sin saber qué decir o a dónde dirigirse.—Yo… —tragó saliva, aferrándose con más fuerza a su bolso—. Busco un abogado.—Bueno, estás de suerte —bromeó el recién llegado con una risa jovial, metiéndose una mano en el bolsillo del pantalón e inclinándose ligeramente hacia ella—. Porque resulta que acabas de cruzarte con el mejor abogado de todo este lugar.—¡¿De verdad?!Sus ojos se iluminaron. Sintió que esta era una señal del cielo.—Por supuesto. Ven, pasa a mi oficina —la guio con seguridad por los pasillos.Ella comenzó a respirar con más alivio. Este hombre parecía ser buena persona. Seguramente la ayudaría con su caso.Él cerró las puertas tras de sí y la invitó a sentarse. No pudo evitar asombrarse con el sitio. Era similar a una caja de cristal, donde todo se veía.—Ahora, señorita… —el abogado dejó la frase en el aire, de
Leer más