La puerta del departamento se cerró detrás de ellos y Estefanía observó con odio el cuadro en la pared.
—«¡Oh, Cristian! ¡Es una pieza de Monet, ¿verdad?! ¡No puedo creerlo... nunca lo olvidaste!» —remedó a Graciela con una voz chillona y llena de veneno.
Sin pensarlo un segundo más, caminó hacia el lienzo y lo arrancó de la pared sin la menor delicadeza.
Recordaba que cuando se mudó al departamento, esa porquería ya estaba ocupando un lugar en la sala. ¡Qué diablos le importaba que hubiera sid