Si pensó que esperarlo era un suplicio, tener la firmeza de su cuerpo pegada a su espalda era un auténtico infierno.
Ardía.
Un fuego denso y sofocante se abría paso bajo las sábanas, amenazando con arrebatarle la poca cordura que le quedaba.
Estefanía decidió no emitir ningún sonido ni hacer el más mínimo movimiento. Con suerte se cansaría pronto y se largaría; quizás hasta se subiría a su auto e iría a buscar a esa mujer.
El último pensamiento estuvo a punto de hacerla gruñir de pura rabia. ¿P