—Dime que todavía me sigues amando…
Justo cuando Graciela terminaba de decir esas palabras, sintió la mano de Cristian envolver su muñeca. Sin embargo, en lugar de sostenerla contra su rostro, como ella hubiera esperado, la apartó con cuidado.
Él se enderezó cuan largo era, tomando distancia.
Una distancia que se sintió como una ofensa.
¿Desde cuándo era así de frío?
Recordaba que en el pasado siempre hacía cualquier cosa para tocarla.
—Muchas cosas han cambiado en nueve años, Graciela —respond