Estefanía caminó de puntillas por el pasillo.
Miró la recámara donde dormía Javier.
Hacía una semana que ambos vivían en el departamento de Cristian.
El chico había empezado a asistir a la escuela.
Recibían clases en el orfanato, por supuesto, pero no se comparaba con la preparatoria a la que lo acababan de inscribir.
Sin embargo, el abogado había sido muy exigente al respecto:
—Más te vale tener buen rendimiento —le había advertido, con ese tono suyo cargado de autoridad—. Que te qu