—¡Javier! —gritó Estefanía cuando la figura de su hermano menor apareció en la entrada del departamento.
No lo podía creer.
Pero verdaderamente era él.
Su hermanito.
Corrió para abrazarlo con todas sus fuerzas.
El cuerpo del adolescente era más alto que ella, así que tuvo que empinarse para rodearle el cuello, aferrándose a él como si su vida dependiera de ese abrazo, como si no lo hubiera visto hacía una semana, como si él fuera la única razón de su existencia.
Porque lo era.
Era lo único que