A Cristian le bastó un solo vistazo a la contraparte para ponerse en alerta.
Ya había visto a esta gente antes. Le habían suplicado en su oficina, tratando de sobornarlo para evitar ir a juicio. Pero ahora no lucían preocupados en lo absoluto.
Por el contrario, el abogado que habían contratado sonreía con una suficiencia repugnante, mientras se acomodaba la corbata como si ya tuviera la victoria en el bolsillo.
Los midió de arriba abajo y dejó escapar una media sonrisa. Sabía perfectamente cu