Damon sintió el cambio en su tensión en cuanto la rozó. Sus ojos se fijaron en los de ella, y él siguió la dirección de su mirada, dándose cuenta de que ella estaba mirando su muñeca. Con un movimiento rápido, aunque intentó disimularlo como un ajuste, Damon recogió la mano y la metió bajo la sábana.
— ¿Qué estás mirando? — preguntó, su voz volviendo al tono de interrogatorio frío.
— Nada. Solo… solo tengo frío. Necesito estar sola — dijo ella, alejándose de él.
Damon se quedó un momento, su mi