—¿Qué sigue? —preguntó Lucía, su voz un hilo de ansiedad en el silencio cargado del recibidor—. ¿Qué hacemos ahora?
Damián seguía inmóvil, procesando el golpe. La noticia de que su propio jefe, el hombre que le había dado las órdenes durante cuatro años, era en realidad el cerebro de la organización que él creía estar desmantelando, era un terremoto que acababa de destruir todo su mundo. Respiró hondo, forzándose a pensar.
—Lo primero —dijo, y su voz sonaba extrañamente calmada— es asegurar tu